Cuando una gata entra en celo, todo cambia en casa. Maullidos constantes, comportamientos extraños, posturas inusuales. Para muchos, es la primera señal de alerta. Pero ¿cuánto tiempo dura esta fase y, sobre todo, cómo reaccionar de forma inteligente sin dramatizar ni minimizar? Aquí tienes una guía completa, directa, con referencias concretas, fiables y contrastadas.
¿A qué edad comienzan los primeros celos en una gata?
El primer ciclo de celo suele aparecer entre los 4 y los 10 meses, según la raza, el peso, la estación de nacimiento y el entorno. Una gata que vive en interior y está bien alimentada puede mostrar signos tempranos a partir de los 4 meses y medio. Las razas orientales como el siamés o el abisinio suelen tener celos más precoces que las razas grandes como la noruega o el maine coon.
Un detalle clave: no es el tamaño ni la edad exacta lo que desencadena el celo, sino el nivel de estrógenos en el organismo, influido por la luz del día (fotoperiodo). En invierno, algunas gatas pueden permanecer inactivas. En cuanto los días se alargan, los celos reaparecen.
Cuál es la duración exacta del celo en una gata
De media, el celo dura entre 5 y 10 días, a veces algo más. Este periodo puede dividirse en varias fases hormonales, pero en la práctica, lo que más interesa al propietario es la duración durante la cual la gata manifiesta comportamientos específicos.
En algunas gatas, el celo parece prolongarse durante dos semanas. En los casos más marcados, puede parecer casi permanente durante varios meses, con descansos de solo unos pocos días. Se habla entonces de celos persistentes, frecuentes en razas muy activas sexualmente como el bengalí.
Un ciclo normal suele ser así:
Fase de pre-celo: 1 a 2 días, a menudo discreta.
Celo visible: 4 a 10 días, con maullidos, frotamientos y postura de lordosis (espalda arqueada, parte trasera elevada).
Reposo (diestro o interestro): 7 a 14 días, a veces menos si las hormonas se mantienen elevadas.
Sin apareamiento ni ovulación, este ciclo puede repetirse cada dos o tres semanas. Una gata puede, por tanto, tener celo más de 10 veces en 4 meses si no está esterilizada.
Cuáles son los signos visibles del celo en una gata
La gata no sangra durante el celo, a diferencia de la perra. Los signos son conductuales y vocales. Lo más habitual es observar:
Maullidos prolongados y sonoros, de día y de noche.
Postura de apareamiento al menor contacto: trasero elevado, cola ladeada.
Hiperactividad o, por el contrario, mayor demanda de caricias.
Frotamientos contra objetos y revolcarse por el suelo.
Intentos de fuga al exterior, atracción repentina por ventanas, puertas, etc.
Estos comportamientos son normales. No indican ni dolor ni un trastorno psicológico, sino un instinto sexual muy intenso. Sin embargo, pueden dificultar la convivencia, especialmente en un piso.
Con qué frecuencia una gata tiene celo a lo largo del año
Una gata no esterilizada y no cubierta puede tener celo de febrero a octubre, e incluso durante todo el año si vive en interior con iluminación constante. Se estima que el número de ciclos anuales puede alcanzar entre 12 y 20, según las condiciones de vida.
En climas templados como el de Francia, los celos suelen comenzar a finales del invierno, con un pico en primavera. Las hembras que viven en grupo o están expuestas a machos también tienden a entrar en celo con mayor frecuencia.
Si la gata es cubierta y se produce la ovulación, el celo se interrumpe de inmediato. De lo contrario, reaparece entre 10 y 15 días después. Este mecanismo hace que la gestión de la reproducción sea compleja para los particulares.
¿Se pueden reducir o detener los celos de una gata?
Sí, pero no sin consecuencias. Existen tratamientos hormonales, pero presentan riesgos elevados de tumores mamarios, piómetra (infección uterina) y trastornos endocrinos. Solo deben utilizarse como solución temporal excepcional y nunca a largo plazo.
La única forma realmente eficaz de detener los celos de manera duradera es la esterilización quirúrgica (ovariectomía u ovariohisterectomía). Puede realizarse a partir de los 3 a 6 meses, incluso antes del primer celo, sin riesgo para el crecimiento.
Cuanto antes se realice la intervención, menor será el riesgo de tumores mamarios (reducción de más del 80 % si se opera antes del primer celo). No obstante, una gata adulta también puede ser esterilizada con total seguridad, incluso durante el celo si es necesario.
¿Pueden los celos perjudicar la salud de una gata?
Los celos en sí mismos no son peligrosos. Sin embargo, su repetición excesiva puede provocar:
Pérdida de peso debida al estrés y la hiperactividad.
Trastornos de comportamiento, especialmente en gatas que viven en piso.
Piómetra, si las ovulaciones sin apareamiento crean un entorno favorable para las bacterias.
Desequilibrios hormonales en algunas hembras sensibles.
Una gata con celos demasiado frecuentes, con periodos de descanso muy cortos entre ciclos, debe ser vigilada. El veterinario puede proponer una ecografía uterina o un estudio hormonal.
Cómo reaccionar cuando una gata está en celo
No existe una solución milagrosa. Lo principal es calmar, encuadrar y limitar las estimulaciones. Para aliviar al animal —y al hogar—, algunos gestos sencillos pueden marcar la diferencia.
Limitar las caricias si muestra signos de hiperexcitación.
Atenuar la luz y reducir los ruidos. Crear un ambiente tranquilo puede disminuir la agitación.
Evitar el contacto con el exterior, incluso a través de ventanas u olores. Un macho en la planta baja puede bastar para desencadenar una crisis de maullidos.
Difundir feromonas calmantes en spray o difusor, que ayudan a algunas gatas a sobrellevar mejor esta fase.
Proponer una estimulación olfativa específica como la valeriana o la hierba gatera. Algunos gatos se calman al frotar la cabeza contra un corazón de valeriana ecológica o al jugar con un poco de hierba gatera seca. En otros, el efecto es neutro o incluso ligeramente excitante. Hay que probar, observar y ajustar.
Plantear la esterilización lo antes posible si la gata no forma parte de un programa de cría.
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Algunos veterinarios aconsejan esperar al final del celo antes de operar. Otros prefieren intervenir sin demora, sobre todo cuando los ciclos son muy seguidos y resultan agotadores para el animal. La intervención puede realizarse incluso durante el celo, aplicando precauciones quirúrgicas específicas.
Cuál es el impacto de la esterilización en el comportamiento de una gata
Sí, pero no de forma negativa. Una gata esterilizada:
Ya no maúlla durante el celo.
No intenta salir.
Suele volverse más estable y más tranquila.
Su carácter de base permanece intacto. Sigue jugando, trepando y cazando si tiene acceso al exterior. No se trata de una “castración” de la personalidad, sino de la eliminación de la influencia hormonal.
Es necesario vigilar la alimentación después de la esterilización. El metabolismo se ralentiza, lo que puede favorecer el aumento de peso. Pero con una alimentación adecuada, el aumento de peso no es automático.
Qué riesgos existen si una gata no esterilizada vive con machos
Sí, y el riesgo de gestación es extremadamente alto. Una gata puede ovular en la primera monta y parir en menos de 65 días. De media, una camada cuenta con 3 a 6 gatitos.
Una gata no esterilizada que vive con machos no castrados tendrá rápidamente varias camadas al año, lo que agota su organismo y complica la gestión diaria.
Incluso los machos castrados pueden desencadenar el celo en las hembras por presencia, contacto o olor. Este factor suele pasarse por alto, pero puede explicar ciclos recurrentes incluso sin apareamiento.